Jesus Pindado Usle

Entre otras, el paisaje tiene “lecturas” sobre la historia de la naturaleza por Martin Warnke (Harvard University Press, 1995) de la belleza natural y/o artística con editores como Salim Kemal e Ivan Gaskell (Cambridge U.P., 1993), e incluso del poder y la ideología con W.J.T. Mitchell (The University of Chicago Press, 1994), por decir solo algo referencial de hace unos años y que tenga detrás sofisticación interpretativa. No es eso, sin embargo, lo que veo, lo que miro y quiero mencionar al contemplar la producción pictórica de Luis Cortines, silencioso apasionado pintor de años que se cree a fondo su vocación y de cuando en cuando la exterioriza mediante algunas exposiciones. Sin embargo, lo que aquí me interesa cuando va a pasar el charco no es la filiación geográfica sino el “paisaje del alma” del pintor (secreto que no aspiramos temerariamente a desvelar) en cuanto al sentido lírico de su inspiración y trabajo.

Si nos atenemos a otras opiniones y ante lo que “muestran” los paisajes hay una marca de soledad, intimismo, batallas belicosas y remansos dulces, “ups and downs” aparentemente fáciles de determinar.  Más que el veterano reconocimiento de los entornos objetivos, interesa en los tratamientos de Cortines el elemento de transmutación, el plano subjetivo y sentimental, la fuente que vigoriza su persistencia en la labor de años, antes oscura y solitaria, ahora más dispuesto a darla y “dar-se” a conocer.

Para profundizar desde la superficie… no sería ocioso partir del diagrama triangular que han utilizado jóvenes estudiantes de la región de Cantabria distinguiendo entre los diferenciados factores biológico y geológico de paisajes publicitarios frente al predominio -cero- del componente antrópico de la obra de Luis Cortines. Cero. El hombre no está en el solitario paisaje normalmente y, por consiguiente, la soledad está atestiguada en los lienzos. Con drama. Acaso con tanta carga de preocupación e intento de adivinación de futuro como del peso que siempre se achaca al recuerdo. Quizás la actividad pictórica sea el mecanismo regulador frente al agobio del impacto de tristes sucesos del pasado y la catapulta hacia el futuro que se libra de la tentación depresiva con recreaciones de paisajes misteriosos, equívocos y fuertes, futuribles. Que busca adivinación.

Resalta el uso de los negros y los grises en esta paleta, un mundo arbóreo desposeído de la primaveral alegría o de los frutos posteriores. Aquí está, como si lo dijese Rosalía de Castro,  que el “color gris domina, el color de los viejos” y el fingimiento de lamentos… “que parece que llaman por los muertos”. No muertos sino seres humanos ausentes. El artista se sitúa,pues, ante el paisaje en soledad dramática. Junto al elementos biológico del mar, los árboles o el geológico de las extrañas murallas o montañas, el hombre sencillamente no está. Es la carencia de fundamento antrópico en que han sabido fijarse alumnos del IES Universidad Laboral de Cáceres,  que han expuesto en la X Jornadas de Investigación en Psicología (Santander, 2010) para determinar énfasis de imágenes. Pero no son las imágenes publicitarias lo mismo que las pictóricas. El propósito anunciador de primer plano no vende producto o servicio alguno sino que todo es “fondo”, todo es integrado para valorar la soledad o compañía (no compañia…), el recuerdo o la posición ante el futuro, el reflejo que nos alcance sobre el subconsciente del artista.

Chevrier (edit. Gustavo Gili, 2007) ha situado la fotografía y ejemplos de artistas entre las bellas artes y la fascinación del público sobre una estética mediática ahondando entre posibilidades y realizaciones de reabsorción tradicional o apropiaciones fetichistas. No es tampoco eso lo de Luis Cortines aunque nos sirvan “los espectros de lo cotidiano” para citar, que no son del naturalismo o el neorrealismo sino fantasmas propios, asunción de una vida interna que sale al exterior mediante la confección de pintura de paisajes fantasmagóricos que no son tanto crítica a la vida urbana como acaso a la misma vida posmoderna que nos ha tocado considerar.  A la prosaica vida diaria de trabajos e imposiciones que coresponde vivir al margen del refugio, de la reinterpretación imaginaria del mundo artístico. De la creación.

No nos traslada Luis Cortines a un nostálgico pasado a compartir ni nos pone ante una crítica de registro actualizado de acontecimientos del mundo. Nos comunica su visión grisácea de un mundo poco ideal frente a la compensación –a veces euforizante- de un futuro incierto por definición en donde la actividad pictórica presenta el extraño sentido, relativamente optimista, de una creación que alterna la oscuridad con paisajes sin tempestades o tormentas como en Church o Bierdstart pero con un halo de cierta espiritualidad romántica frente a lo pintoresco o por detrás de la crítica plana de lo cotidiano. El logro tiene que ver con el ejercicio autodidacta de años en soledad y pasión creadora.